José Antonio Portuondo: un hombre de todas las épocas

El libro José Antonio Portuondo: magisterio y heroísmo intelectual, coordinado por los historiadores Israel Escalona Chádez y Manuel Fernández Carcassés, recoge artículos sobre la vida y obra, de quien fuera el cuarto rector de la Universidad de Oriente (1963-1965). Uno de sus coautores, el Dr.C. Fernández Carcassés, aceptó conversar sobre esta compilación, que hoy se encuentra en los fondos de la Biblioteca “Francisco Martínez Anaya”, de la Universidad de Oriente.

¿Quiénes fueron los convocados para este proyecto-homenaje, por la Universidad de Oriente?

Convocamos a un conjunto de profesionales, casi todos, profesores de la Universidad. Se destacan entre ellos: Olga Portuondo, Historiadora de la Ciudad y profesora del Departamento de Historia; Antonio Escalona, del Centro de Estudios Cuba Caribe, que lleva el nombre de José Antonio Portuondo; Rafael Borges, profesor del Departamento de Marxismo; Amparo Barrero, ya jubilada, profesora por muchos años del Departamento de Letras; y dos profesores que, aunque no trabajan en el centro, siempre se han mantenido vinculados a él, e inclusive recibieron clases del Dr. Portuondo: me refiero a José Luis de la Tejera Galí y Efraín Nadereau Maceo. También colaboraron, el profesor Hebert Pérez y el artista Miguel Ángel Botalín.

¿Cuántas son las facetas del Dr. Portuondo que se reflejan en el libro?

Hay una parte del libro referida a testimonios, que recomiendo especialmente; porque los que no tuvimos la suerte de conocer a Portuondo, cuando fue rector y profesor de la Universidad, lo podremos sentir al leer esos testimonios de Olga Portuondo, Efraín Nadereau, José Luis de la Tejera y Hebert Pérez. Testimonios que califican a José Antonio Portuondo como un rector excepcional. Fue el que dio inicio, en la Universidad de Oriente, a la Reforma Universitaria del año sesenta y dos. Y en el trabajo de Miguel Ángel Botalín, —quien trabajó varios años vinculado a la extensión universitaria y dirigió la Revista Santiago—, se nos muestra un José Antonio Portuondo muy cercano a las artes plásticas santiagueras.

La otra parte del libro comprende algunos ensayos. El profesor Escalona Delfino estudia la filosofía en Portuondo; Israel Escalona y yo trabajamos su postura y su obra historiográfica, es decir, su labor como historiador, que habitualmente se soslaya al abordar su legado. A Portuondo, se le suele ver como un gran escritor, y lo fue, pero hizo aportes a la historiografía que no se deben olvidar. Por último, los profesores Amparo Barrero y Rafael Borges, hacen un estudio sui generis del magisterio en Portuondo.

El libro, pudo abarcar otras facetas. La parte de la crítica literaria faltó. Pero es lo que más se ha estudiado de la obra de José Antonio Portuondo, y debíamos cerrar el libro en 100 páginas, a petición de la editorial.

¿Cuáles son, a su juicio, los valores historiográficos del libro?

El texto aporta una visión universal de José Antonio Portuondo. A veces se nos olvida que fue un hombre muy criollo, es decir, un individuo orgulloso de sus raíces, y muy vinculado a Santiago de Cuba. Me parece que el valor del libro es el rescate de su personalidad, para el orgullo sano de santiagueros y santiagueras; y este volumen lo presenta como un hijo de la ciudad de Santiago de Cuba, profesor de la Universidad de Oriente, y heredero de un patriotismo local, que aquí existe —y no podríamos denominar “regionalismo”, porque sería negativo—. Hablamos del patriotismo local porque es útil, porque es la base del patriotismo nacional. Entonces, para labrar ese orgullo por la Patria chica, lo cual es requisito sine qua non para considerarnos hijos de la Patria grande, este libro puede contribuir mucho.

¿Se transformó su pensamiento e imaginario del Dr. Portuondo, tras haber concluido este libro?

Se transformó. No tengo dudas sobre eso. Hoy veo a un José Antonio Portuondo más grande: al hombre vivió los inicios de la Revolución y actuó como correspondía a esa etapa fundacional. Hoy pudiéramos no estar de acuerdo con algunos de sus asertos —con muy pocos, porque en general su obra tiene plena vigencia—; pero eso más que otra cosa, nos dice que era un reflejo de su época, y que supo vivir intensamente ese momento, lo cual lo convierte en un hombre de todas las épocas. Pienso que para ser un hombre de todas las épocas, hay que serlo primero de la propia.

He aprendido de la amplitud de la cultura de este hombre, de la pasión con que escribía, con que concebía sus proyectos. La obra científica no sólo debe tener un componente científico, sino que debe tener algo afectivo también. Esto quiere decir que el científico debe apasionarse por el tema: algo que José Antonio Portuondo supo hacer.

 

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