Palabras de Antonio Guerrero en agradecimiento al Honoris Causa

Doctora Martha del Carmen Mesa Valenciano

Rectora de la Universidad de Oriente

Hermanos santiagueros; compañeras y compañeros:

La fecha del 10 de octubre, escogida hace 65 años para fundar la Universidad de Oriente, es una de las fechas más importantes en la historia de nuestro país.  Un día como ese, pero de 1868 Carlos Manuel de Céspedes, un hacendado de Bayamo, hizo sonar la campana de su ingenio La Demajagua no para llamar a sus esclavos al trabajo, sino para liberarlos y convocarlos a combatir por la independencia del colonialismo español. El Padre de la Patria iniciaba así el camino de una larga lucha que se concretó el 1ro de enero de 1959 cuando bajo el mando de Fidel, el ejército rebelde le dio a nuestro pueblo la plena soberanía.

Hace apenas unos días me llegó la noticia del título de Doctor Honoris Causa que me han conferido. La primera reacción fue de sorpresa, de lógica sorpresa, porque nada de lo que he hecho en mi vida ha sido pensando en reconocimientos y mucho menos en un título como ese. La siguiente fue pensar en las reacciones de mis hermanos en prisión. Luego me dije, no queda otro remedio, hay que aceptarlo, pero solo lo acepto sintiendo que este título es un título por los cinco y de los cinco, porque ellos forman parte indisoluble de mi trayectoria y de ser acreedor de esta distinción.

Mi paso por la Facultad de Construcciones del Instituto Julio Antonio Mella, filial de la universidad, fue necesariamente breve, sin embargo, dejó una huella imborrable en mi formación profesional, humana y revolucionaria.

Han pasado casi 25 años y aun recuerdo nítidamente cuando la profesora Tamara coordinó conmigo las visitas docentes de los estudiantes de quinto año de Ingeniería Civil a las instalaciones del aeropuerto.  Estábamos en plena obra de ampliación y aquellas visitas fueron muy fructíferas para los ingenieros en formación. De ellas surgió la idea de contratarme como profesor adjunto. Tuve reunión en la cátedra, tras mi conversación con Tamara. Pedí información de los materiales con los que debía dar clases y con una ojeada me di cuenta que eran buenos materiales, pero no estaban actualizados con las normativas más recientes de la Organización de la Aviación Civil Internacional, en lo que respecta al diseño de los aeropuertos. No había tiempo para esperar por un libro nuevo. La solución fue que yo fuera preparando conferencias y las imprimiera y repartiera a los estudiantes. Todo se hizo con el apoyo del aeropuerto y fue vital el trabajo de Marietta, la secretaria de nuestro departamento y otras secretarias, que ayudaron a mecanografiar y sacar las copias, a veces el mismo día que debía dar la clase, en los llamados “ditos”. No había copiadoras disponibles ni había computadoras, pero había voluntad. No se escatimó en horarios. Y todo se hizo sin cobrar nada a la universidad por este trabajo.

Esas son cosas que forman a un profesional y a un revolucionario, que lo hace ser más partícipe del momento histórico que vive la obra que con tanto amor y sacrificio hemos concluido.
Cuando uno enseña, uno al mismo tiempo aprende, por eso, impartir aquellas clases fue para mí afianzar también conocimientos. Estar de frente a jóvenes y ayudarlos a formarse nos hace crecer como seres humanos. Entregarse a una tarea sin pensar en el descanso ni el dinero nos hace ser mejores revolucionarios.
Bien dijo José Martí que ser maestro es “el empleo más venerable y grato”.

Toda esa experiencia y entrega un buen día cuando los retos son mayores, cuando las pruebas son mayores y tienes que definirte, sin tiempo a pensar, rápida y decididamente, pues te das cuenta que es algo vital para tomar la decisión correcta. Para tomar el camino correcto por difícil que este pueda ser.

Así como recuerdo todas aquellas cosas que viví en las aulas del Instituto, recuerdo a Santiago, recuerdo el Moncada y la Granjita Siboney, recuerdo sus muchos otros lugares históricos, recuerdo sus calles y su gente, recuerdo, por supuesto, cada detalle, el aeropuerto y su colectivo, recuerdo a los amigos entrañables, que siguen ahí defendiendo a la Revolución.

Con esos recuerdos hemos vencido catorce años de injusto encierro sin que nada haya podido mellar nuestra certeza de que iremos los cinco a Santiago.

Llegue a todos los trabajadores, profesores y estudiantes de la Universidad de Oriente, nuestra felicitación en este aniversario que cumplen, deseándoles muchos éxitos en su importante misión formadora y en sus estudios.

Llegue a todo el querido pueblo de Santiago, todo nuestro amor, seguros de que jamás les fallarán a Fidel y a Raúl.

Cinco abrazos fuertes.

¡Venceremos!
Antonio Guerrero Rodríguez
10 de octubre del 2012
Prisión Federal de Marianna

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