Nuestra juventud sigue las ideas de Martí

José MartíNuestra juventud sigue las ideas de Martí, y tiene razones suficientes para ser continuadora de su pensamiento político y de bienestar social. Había dicho el Apóstol: es de jóvenes triunfar (“En casa”, en Patria, edición 3. Nueva York, marzo 26 de 1892).

En la Marcha de las Antorchas estuvieron este domingo, junto a los líderes históricos de la Revolución, los jóvenes de todas partes; en especial los universitarios, que representan las ideas más avanzadas de este tiempo.

Una nación llena de sueños no le teme a la innovación, al cambio y a las nuevas formas de pensar y producir. Sólo habrá que pedir a los jóvenes que hagan valer sus sueños, y que lo hagan inspirados en la filosofía martiana.

Una filosofía que ensalzó el conocimiento y la verdad, y quiso para Cuba un futuro de hombres y mujeres de ciencia.

¡Ah, Cuba, futura universidad americana!: la baña el mar de penetrante azul: la tierra oreada y calurosa cría la mente a la vez clara y activa: la hermosura de la naturaleza atrae y retiene al hombre enamorado: sus hijos, nutridos con la cultura universitaria y práctica del mundo, hablan con elegancia y piensan con majestad, en una tierra donde se enlazarán mañana las tres civilizaciones. (“Albertini y Cervantes”, en Patria, edición 11, Nueva York, mayo 21 de 1892).

El hombre que pensaba así, creyó que la Universidad se debía renovar con el tiempo y consolidar una ciencia que se enseñara desde antes: desde la educación primaria, una ciencia que no riñera con la naturaleza y el espíritu.

En agricultura, como en todo, preparar bien ahorra tiempo, desengaño y riesgos. La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave: la Higiene es la verdadera medicina. Más que recomponer los miembros deshechos del que cae rebotando por un despeñadero,-vale indicar el modo de apartarse de él. Se dan clases de Geografía Antigua, de reglas de Retórica y de antañerías semejantes en los colegios: pues en su lugar deberían darse cátedras de salud, consejos de Higiene, consejos prácticos, enseñanza clara y sencilla del cuerpo humano, sus elementos, sus funciones, los modos de ajustar aquéllos a éstas, y ceñir éstas a aquéllos, y economizar las fuerzas, y dirigirlas bien, para que no haya después que repararlas. Y lo que falta no es ansia de aprender en los discípulos: lo que falta es un cuerpo de maestros capaces de enseñar los elementos siquiera de las ciencias indispensables en este mundo nuevo. No basta ya, no, para enseñar, saber dar con el puntero en las ciudades de los mapas, ni resolver reglas de tres ni de interés, ni recitar de coro las pruebas de la redondez de la tierra, ni ahilar con fortuna un romantillo en Escuela de sacerdotes Escolapios, ni saber esa desnuda Historia cronológica inútil y falsa, que se obliga a aprender en nuestras Universidades y colegios. Naturaleza y composición de la tierra, y sus cultivos; aplicaciones industriales de los productos de la tierra; elementos naturales y ciencias que obran sobre ellos o pueden contribuir a desarrollarlos: he ahí lo que en forma elemental, en llano lenguaje, y con demostraciones prácticas debiera enseñarse, con gran reducción del programa añejo, que hace a los hombres pedantes, inútiles, en las mismas escuelas primarias.

Alzamos esta bandera y no la dejamos caer. La enseñanza primaria tiene que ser científica.

El mundo nuevo requiere la escuela nueva.

Es necesario sustituir al espíritu literario de la educación, el espíritu científico.

Debe ajustarse un programa nuevo de educación, que empiece en la escuela de primeras letras y acabe en una Universidad brillante, útil, en acuerdo con los tiempos, estado y aspiraciones de los países en que enseña: una Universidad que sea para los hombres de ahora, aquella alma madre que en tiempos de Dantes y Virgilios preparaba a sus estudiantes a las artes de letras, debates de Teología y argucias legales, que daban entonces a los hombres, por no saber aún de cosa mejor, prosperidad y empleo.

Como quien se quita un manto y se pone otro, es necesario poner de lado la Universidad antigua, y alzar la nueva. (“Abono.—La sangre es un buen abono”, en La América, Nueva York, agosto de 1883).

El tiempo dará la razón a los más jóvenes. Su palabra se carga con los años. A 160 años del natalicio del Apóstol, su pensamiento sigue motivándonos al cambio.

Un pensamiento en “Nuestra juventud sigue las ideas de Martí

  1. Por su vigencia y valor, este texto o fragmentos, debería estar en una valla gigante dentro de la Universidad o cerca del busto de Martí. Vale la pena releerlo y quedarse pensando muchas veces en él.

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