En memoria de Raúl Navarro Padrón

En días recientes, conocimos sobre el deceso del Dr. Arq. Raúl Navarro Padrón, quien fuera el primer director de la Carrera de Arquitectura en la Universidad de Oriente en el año 1969. Durante su vida ocupó diversos cargos en universidades cubanas, siendo también el primer decano, en 1976, de nuestra Facultad de Construcciones.

Raúl NavarroAsesor y colega de varias generaciones de Arquitectos, el también Profesor Titular Consultante del Instituto Superior de Arte y miembro del Tribunal Nacional de Grado Científico en Ciencias sobre Arte, compartió durante algún tiempo sus labores como profesor de la Universidad de Oriente con las de su adiestramiento profesional en DESA (Desarrollo de Edificios Sociales y Agropecuarios), instancia que luego dio paso a la actual EMPROY 15.

El pasado año, recibió el Premio Provincial de Arquitectura 2012, que otorga la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), en la capital. Sin dudas, su muerte es una sensible pérdida para la Arquitectura y su enseñanza en el país. Recordémoslo entonces con estas palabras suyas, que escribió para la Comisión de Teoría y Crítica sobre Arquitectura y Ciudad, de La Habana.

La formación del arquitecto

Con vistas a responder a una serie de preguntas alrededor de la formación del arquitecto realizada por la Comisión de Teoría y Crítica, con el fin de establecer un fructífero debate alrededor del tema, por la importancia que el mismo ha tenido y la preocupación que ha entrañado históricamente, y no sólo en nuestro país, pero que en los momentos actuales cobra una importancia capital ante la necesidad de afrontar déficits habitacionales existentes, insuficiencias técnico-constructivas que nos aquejan y la necesidad impostergable de garantizar el relevo que sea capaz de llevar adelante con éxito los requerimientos arquitectónicos demandados por la obra inconclusa de la Revolución, someto a juicio algunas anotaciones hechas “a quema ropa”, sin ánimo de abordar todo lo que el tema requiere, pero consciente de la necesidad de señalar aspectos que, aunque puedan ser polémicos y no estarse de acuerdo con ellos, colaboren con el tan necesario como imprescindible debate alrededor de tan importante asunto.

Consideraciones alrededor del tema

Un arquitecto es un organizador de funciones, espacios y actividades; un coordinador que debe sintetizar las acciones de la vida humana con toda la complejidad que la misma depara en dependencia de los momentos y de la época en que se desarrolla, teniendo en cuenta los aspectos individuales y sociales y, en ambos casos, los valores prácticos y espirituales. Para dar respuesta afirmativa a esta problemática, la formación de un arquitecto requiere la creación en el educando de sentidos de responsabilidad social, ética profesional, pensamiento abstracto y conocimientos técnicos, –tanto para la expresión gráfica de ese tipo de pensamiento como para su ejecución material–. De igual manera estará necesitado de conocimientos de economía de la actividad, de juicios estéticos, de sensibilidad artística; debiendo ser capaz de vincular su obra con el medio físico, sea este natural o artificial; definir las formas y dimensiones que den razón al uso para las que están previstas; evaluar las características psico-sociales del, o de los individuos para los cuales proyecta; y, sobre la base de todo lo anterior, deberá manejar los recursos espaciales y plásticos que ubiquen su obra en escala con el ambiente que le circunde, con lo cual dar respuestas a las sensibilidades humanas y de relación armónica con el entorno.

De todo lo anterior no es posible desprender cuál aspecto debe prevalecer sobre los otros en un proyecto, ya que la definición de la mayor o menor importancia de uno sobre los otros, estará dado por el carácter de este. De hecho, el desarrollo de un espíritu crítico-valorativo en la formación del futuro profesional será la clave para definir en cada acción proyectual, cuál debe ser la prioridad que se otorgue a un aspecto sobre los demás.

En conclusión, lo importante en la formación de un arquitecto es la creación, en los educandos, de una conciencia que les permita desarrollar un método de trabajo personal para enfrentar las disímiles y complejas tareas que tendrá por delante una vez egresado de la Escuela.

En sentido general, la concepción que debe prevalecer en la formación de un arquitecto debe responder a los aspectos funcionales, estético-artísticos y teórico-prácticos, referidos a su hacer; no debe diferir de un país a otro, aunque sea este tecnológica y económicamente más desarrollado que otro y, me atrevería  incluso a afirmar, que de una época a otra.

Las variaciones y particularidades estarán dadas por aquellos aspectos que tienen que ver directamente con la cultura específica y los correspondientes con los elementos psico-sociales característicos de cada región, costumbres, religiosidad, etc.

La enseñanza de la arquitectura es tutoral, se hace colectiva en las asignaturas generales y teóricas, pero el Taller es una actividad alumno-maestro directa. Y cuando digo maestro (en términos de Arte), me refiero a aquel profesor que pudiera ser elegido por el estudiante para su orientación, por considerarlo este con suficiente experiencia y ética profesional, capaz de orientar su trabajo individual sin interferir con su personalidad y prestigio o en su capacidad de desarrollo individual y que, por el contrario, coadyuve con su experiencia de formador a que se estructure en él ese método de trabajo que debe aplicar en su vida profesional y que no tiene por qué ser el del propio maestro.

En la conformación de ese método de trabajo, que tiene que ir surgiendo desde los primeros años de la carrera, es muy importante la orientación del maestro hacia su discípulo con respecto a la selección por este de determinadas materias docentes que amplíen la estructura general del Plan de Estudio, sobre todo en el período inicial de la carrera en que aún no están suficientemente definidas sus aptitudes, ni desarrollado su potencial creativo.

Considero muy importante el que el futuro arquitecto pueda incorporarse a trabajos vinculados con su especialidad en horarios o momentos determinados fuera del calendario u horario docente, con el ánimo de que conozca y se enfrente a otras realidades que la Escuela nunca podrá ofrecer, por muy completo que un Plan de Estudio pueda ser concebido.

En nuestro país, históricamente, el estudiante de arquitectura estuvo siempre vinculado a algún trabajo “extra”, remunerado en alguna oficina de arquitectos, en el cual se enfrentaba con problemas reales a los cuales debía dar solución. Esta actividad le ayudaba a  desarrollar un sentido de responsabilidad y madurez no sólo en el aspecto técnico-económico, sino también en la manera de conducirse en el círculo correspondiente.

Esta práctica de estudiar y trabajar en estudiantes de arquitectura, que en los primeros años de la Revolución se mantuvo vinculada al Ministerio de la Construcción, posteriormente fue decayendo hasta desaparecer. Aspecto que, en las nuevas condiciones de reestructuración de la economía, y a partir de los lineamientos aprobados por el congreso del Partido, deben ser retomados de acuerdo con las condiciones actuales, sin desconocer las peculiares experiencias anteriormente desarrolladas por las diferentes Escuelas del país. Para mí, el verdadero adiestramiento de un estudiante de arquitectura es este, que debe ser desarrollado durante su período de estudio, y no pensarlo como actividad “de fin de carrera”, lo cual no debe entenderse como la supresión del servicio social una vez egresado.

Hay muchas experiencias, internacionalmente acreditadas, que contemplan en el Plan de Estudio la inserción del estudiante en prácticas productivas durante el desarrollo de la carrera. Personalmente, me ha llamado la atención el de la Design Architecture Art and Planning (DAAP), Escuela de Arquitectura de la Universidad de Cincinnati, en la cual participé como Profesor Invitado en el Trimestre de Invierno de 1998, y en la que la carrera se desarrolla en seis años, cuando otras lo hacen en cinco, a partir de vincular a sus estudiantes durante un trimestre completo al año, en correspondencia con sus conocimientos, a trabajar en oficinas de proyecto de arquitectos reconocidos.

Otro aspecto de suma importancia para la formación del arquitecto es la que se corresponde con la posibilidad de acceso a una bibliografía general y la información actualizada que permita la renovación de su bagaje técnico y cultural. Sobre todo, el conocer lo que se está haciendo en el país, con qué técnicas contamos, qué investigaciones se desarrollan y cuáles han aportado soluciones a los problemas del sector, etc.

Es necesario retomar la publicación y distribución, por parte de los organismos y organizaciones gremiales, de una folletería de tirada limitada que permita conocer las herramientas con que se cuenta para el buen desenvolvimiento de las tareas de proyecto y de ejecución. Esa folletería ha dejado de publicarse por diversos motivos, pero permitiría el intercambio de ideas, el diálogo abierto y el tan necesario como inexistente debate y análisis crítico de proyectos y realizaciones en aras de elevar la calidad, la preservación del ambiente y el ahorro en todos los sentidos.

Hasta aquí mis consideraciones al respecto.

La Habana, noviembre 25 del 2011.

Dr. Arq. Raúl Navarro Padrón, Profesor Titular Consultante.

Instituto Superior de Arte.

Tomado de: teoriaycriticaarquitecturacuba.blogspot.com
Edición: Oficina de Comunicación

Un pensamiento en “En memoria de Raúl Navarro Padrón

  1. Deseo expresar que la destacada labor del Arq. Raúl Navarro en a Universidad de Oriente trascendió la vida académica, pues se desempeñó como Secretario del Comité del Partido Comunista de Cuba en la Universidad de Oriente.

    Le recuerdo como un cuadro que siempre dialogó los problemas y problemáticas universitarias con aquellos que teníamos responsabilidad en las organizaciones juveniles.

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